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El Municipio

Nombre de Jabugo en el Catastro de Ensenada, de 1752
Nombre de Jabugo en el Catastro de Ensenada, de 1752

 

Se sabe con certeza que el nombre de Jabugo proviene de la palabra "SABUGO" de la lengua leonesa (antes de que esta lengua fuera absorbida por el castellano).

 

 Historia

 

La presencia del hombre se constata desde el Paleolítico en la Cueva de la Mora, situada en el camino real entre Jabugo y Galaroza.

El descubrimiento se debió a las excavaciones realizadas a principios de siglo por el que era entonces su propietario Juan Manuel Romero Martín, que sacaron a la luz la cultura material de los pobladores de la cueva durante los diferentes momentos de la prehistoria. Entre los materiales que se descubrieron estaban: cerámicas decoradas y sin decoración, útiles líticos, ídolos, placas,...

A la ocupación durante el Calcolítico, le siguió el poblamiento durante la Edad de Bronce donde esta cavidad siguió siendo utilizada como hábitat y lugar de enterramiento. En la actualidad, los materiales encontrados se conservan en los museos arqueológicos de Madrid y Sevilla.

La ocupación musulmana de estas tierras debió de estar ligada a Almonaster la Real. Presumiblemente fue escasa la población existente en la zona, que se instalaba sobre un hábitat disperso, con una economía eminentemente pastoril.

Tras la conquista cristiana, protagonizada por Órdenes militares portuguesas en la primera mitad del siglo XIII, pasa a control castellano bajo dominio de la Orden de Santiago. En un principio, Jabugo dependió de Almonaster la Real, por lo que su nombre, en origen, fue "Jabugo el Real».

En 1691, Jabugo se independizó de Almonaster, al pagar don Luis Márquez de Avellaneda, infante y caballero de la Orden de Calatrava, 20.000 reales de vellón, para segregar el municipio del señorío de Almonaster la Real. Dicha escisión sería ratificada el 25 de noviembre de 1693. Los procesos de segregación, bastante comunes durante todo el siglo XVII, se daban ante las necesidades presupuestarias de la Hacienda Real de los Austrias Menores.

La independencia de Jabugo fue favorecida por el intento de incrementar las rentas señoriales, dado el crecimiento demográfico que experimentaba Jabugo, que contaba por entonces con 300 habitantes. El aumento de la población y "la euforia económica local» de este período se reflejaron en la ampliación de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel (Lasso, J. M., 11-3-90).

El Catastro de Ensenada, de 1752, presenta una economía agraria relacionada con el cultivo de cereales y el aprovechamiento de las dehesas (AM.J., 1752, L. 426). El crecimiento económico y demográfico de la villa debió de producirse por el auge del contrabando, por su situación de cruce de caminos. El estudio y cuantificación de este curioso y particular "sector económico” es difícil, al no existir fuentes oficiales sobre el mismo. Esta actividad seguiría siendo importante durante todo el siglo XIX y buena parte del XX.

A principios del XIX, nos encontramos con una agricultura precaria e insuficiente, como así lo señala Pascual Madoz (1845): "produce castañas, bellotas, aceite y vino, de cuyo sobrante se exporta a Sevilla y otros puntos, importándose los cereales y varios artículos de primera necesidad de Extremadura y la Rioja; criase ganado de cerda en número de 100 cabezas, 200 de cabrío y algunas yuntas de labor, y se encuentra caza de conejos, perdices y liebres. Como industrias posee la agrícola, 2 molinos de aceite y uno de harina»

Pero el gran desarrollo de Jabugo vendrá a fines del siglo XIX, de la mano de la línea ferroviaria Huelva-Zafra. Su proyecto definitivo estuvo influido por los intereses de la Compañía de Minas de Río Tinto, que intentó desviar la nueva línea de las minas de la competencia del Andévalo Occidental (Perejil Delay, A, 1995). Esta circunstancia fue aprovechada por Jabugo para desarrollar el comercio y las industrias cárnicas, ligadas hasta entonces a una actividad tradicional.

También por estas fechas se desarrolla, en torno a la estación Jabugo-Galaroza, una nueva entidad poblacional, con origen en una antigua posada del camino entre Sevilla y Lisboa, El Repilado. Este asentamiento venía a sumarse a los anteriores: Jabugo, Los Romeros y El Quejigo. Con el tiempo se convertiría en un notable núcleo demográfico e industrial.

 

 

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